23 octubre 2006

Como fueron mis comienzos (y iii)

Concluyo, con esta tercera entrega, el resumen que os he ido mostrando sobre mis primeros pasos en esto de la Astronomía, más que nada para mantener viva mi memoria, que no confiando en que pueda servir en absoluto de ayuda para nadie que haya estado o esté al otro lado del monitor.
Os contaba como me devané los sesos para conseguir ver algo a través de mi Tasco de 114 mm, y como, al lograrlo, disfruté de él (y mucho) durante varios años.
Pero tuve la suerte (tendría que pensar hasta que punto mala o buena) de aprender mucho cuando conocí al Grupo de Constructores de Telescopios, en el primer RETA, en la Sierra de Cazorla, allá por 2001. Quizás no fue tanto lo que aprendí como lo que vi: reflectores de aperturas impensables para mí en aquella época (25, 30 e incluso 40 cmtrs de espejo), impresionantes monturas computerizadas con sistemas de seguimiento y GOTO, sofisticados y exóticos sistemas ópticos, etc, pero lo mejor: todo ello total o parcialmente artesanal. Y no es que no se tuviese acceso a grandes aperturas en nuestro mercado nacional (que sí), ni que fuesen equipos inaccesibles por lo de los precios astronómicos (que también), pero despertó en mí el gusanillo bricomaniaco que llevo dentro desde chiquitillo. Y se despertó con un voraz apetito, he de reconocerlo.
Así que convencí a tres astrocolegas (A. Galvez, L. Flores y F. Ortiz), que, todo hay que decirlo, se dejaron convencer muy fácilmente, y formamos la sociedad ALFA (yo sería la segunda A), con un capital social de unos 500 euros.
Acudimos al señor Costas, todo un referente entre los aficionados a la Astronomía de España, y le encargamos un juego de espejos de 250mm a F/5. Con ellos, un tubo de catón de construcción, un tablero de aglomerado melaminizado negro, y algunas (bastantes, para ser honesto) horas de astro-bricolaje, le dimos forma a ALFA-1.
Y se nos abrió una nueva ventana al infinito: no sólo disfrutábamos de una buena apertura, un montaje óptico bastante luminoso, capaz de llegar, teóricamente a la magnitud 14, sino que una montura dobson como la que conseguimos, con unos muy precisos y suaves movimientos en ambos ejes y un excelente equilibrado mecánico, podíamos visitar un buen número de objetos de cielo profundo, en cualquier parte del cielo, algo que sería muy complicado de conseguir con una montura ecuatorial que no estuviese computerizada. Y eso que no disponíamos (ni disponemos aún) de oculares “de categoría”: nos estamos apañando bastante bien con unos Plöss mediocrillos de 15, 25 y 40 mm (eso sí, cometimos el error de, en uno de los RETA, usar un Naggler 16 que nos prestaron, y desde entonces no paramos de dar vueltas a la idea de comprar uno, ya v€r€mo$).
Algo menos de un par de años después, decidimos dar el siguiente paso: la “bartelización”, o adecuación de la montura para poder instalarle un sistema mecánico de motores paso a paso, controlados mediante el programa Scope, de Mel Bartel, que permite computerizar completamente una montura dobson. Tubimos que diseñar una montura nueva, más ligera, que permitiera la istalación de los motores, y en eso estamos precisamente en este momento. La montura la terminamos hace más de un año, convirtiendo nuestro telescopio en el nuevo ALFA-2, pero aún no la hemos motorizado. La electrónica ya nos funciona, el programa corre perfectamente en un viejo portatil IBM ThinkPad, tenemos los motores PAP con sus correspondientes reductoras, sólo falta juntarlo todo sin que sobre ningún cable. Ya os iré contando como va la cosa.
¿Este será el final, el punto definitivo? No, rotundamente no. Lo reconozcamos o no, la “aperturitis” es un mal que, en mayor o menor medida, todos los aficionamos padecemos, y del que parece ser no hay cura. Aparte de esta dolencia, está también la tendencia a la comodidad: los S/C compactos pueden rendir como mínimo igual de bien, y son bastante más manejables; configuraciones Mewlon o similares consiguen también equipos más compactos y de muy altas prestaciones, etc.
Pero eso, amigos míos, será otra historia.

1 comentarios:

Ignacio dijo...

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