Hace un tiempo titulé una entrada como Luna Naranja.
Ahora, sin tener muy claro por qué, retomo el tema, pero cambiándole el color.
Fue en primavera de 1996. Aquella Semana Santa la pasaba en el pueblo, y lo preparé todo para observar el eclipse de Luna del día 4 de abril. Pensaba llevarme a mis sobrinos (apenas tenían 10 añitos por entonces) para ver si despertaba en ellos la pasión por la Astronomía.
Cuando vi al abuelo Justo, le pregunté: “¿Has visto alguna vez un eclipse de Luna? ¿Sabes lo que es?” No se lo que pasó, pero le cambió el semblante de repente, se puso muy serio y nos contó una historia:
“¡Claro que lo sé! ¡To el mundo lo sabe! Cuando la Luna se pone roja es porque se ha derramao sangre, cuando se ha matao a alguien. Yo era un zagalillo como éstos, más o menos, la guerra todavía no había acabao, cuando al pueblo llegaron los nacionales. Solo le pido a Dios que vosotros no paséis por eso. Se llevaron a más de 100 del pueblo en camiones, a los campos de prisioneros, entre ellos a mi primo Tomás. Pero lo peor es que cogieron a una docena, a los del sindicato, algunos republicanos, y algún otro que no tenía na que ver con los bandos ni con la política, pero que los había denunciao algún falangista o los señoritos del pueblo. En este grupo estaba mi tío, que también se llamaba Tomás. Los llevaron a tos al cementerio, les hicieron cavar una fosa, y allí mismo los fusilaron. Esa noche la Luna se puso roja como la sangre.
A mi primo Tomás lo tuvieron en trabajos forzaos hasta por lo menos tres años después de acabar la guerra. Cuando volvió al pueblo ya no era el mismo. Lo de su padre había sio como un mazazo pa él, y cuando se enteró que lo había denunciao Nicolás el de los Remedios, se fue pa él con la escopeta y le descerrajó dos tiros. Antes de que pudiera echarse al monte vino la Guardia Civil a apresarlo, él se atrincheró en el cortijo y después de un ratos de tiros, cuando se quedó sin cartuchos pa la escopeta, lo mataron allí mismo. Aquella noche, la Luna también estaba roja.”
Nada más acabar, se da media vuelta y se va para su casa, sin decir ni una palabra, dejándonos con un nudo en el estómago, que nos impidió disfrutar del evento de esa noche. Creo que, de alguna manera, aquella historia traumatizó a mis sobrinos, de forma que ninguno de los dos ha mostrado nunca ningún interés por las estrellas.
Después, precisando fechas y consultando efemérides, he descubierto que el primer eclipse que describió el abuelo Justo pudo ser el del 7 de noviembre de 1938, y el segundo, tres años después de acabar la guerra, el del 3 de marzo de 1942.
Ahora, sin tener muy claro por qué, retomo el tema, pero cambiándole el color.
Fue en primavera de 1996. Aquella Semana Santa la pasaba en el pueblo, y lo preparé todo para observar el eclipse de Luna del día 4 de abril. Pensaba llevarme a mis sobrinos (apenas tenían 10 añitos por entonces) para ver si despertaba en ellos la pasión por la Astronomía.
Cuando vi al abuelo Justo, le pregunté: “¿Has visto alguna vez un eclipse de Luna? ¿Sabes lo que es?” No se lo que pasó, pero le cambió el semblante de repente, se puso muy serio y nos contó una historia:
“¡Claro que lo sé! ¡To el mundo lo sabe! Cuando la Luna se pone roja es porque se ha derramao sangre, cuando se ha matao a alguien. Yo era un zagalillo como éstos, más o menos, la guerra todavía no había acabao, cuando al pueblo llegaron los nacionales. Solo le pido a Dios que vosotros no paséis por eso. Se llevaron a más de 100 del pueblo en camiones, a los campos de prisioneros, entre ellos a mi primo Tomás. Pero lo peor es que cogieron a una docena, a los del sindicato, algunos republicanos, y algún otro que no tenía na que ver con los bandos ni con la política, pero que los había denunciao algún falangista o los señoritos del pueblo. En este grupo estaba mi tío, que también se llamaba Tomás. Los llevaron a tos al cementerio, les hicieron cavar una fosa, y allí mismo los fusilaron. Esa noche la Luna se puso roja como la sangre.
A mi primo Tomás lo tuvieron en trabajos forzaos hasta por lo menos tres años después de acabar la guerra. Cuando volvió al pueblo ya no era el mismo. Lo de su padre había sio como un mazazo pa él, y cuando se enteró que lo había denunciao Nicolás el de los Remedios, se fue pa él con la escopeta y le descerrajó dos tiros. Antes de que pudiera echarse al monte vino la Guardia Civil a apresarlo, él se atrincheró en el cortijo y después de un ratos de tiros, cuando se quedó sin cartuchos pa la escopeta, lo mataron allí mismo. Aquella noche, la Luna también estaba roja.”
Nada más acabar, se da media vuelta y se va para su casa, sin decir ni una palabra, dejándonos con un nudo en el estómago, que nos impidió disfrutar del evento de esa noche. Creo que, de alguna manera, aquella historia traumatizó a mis sobrinos, de forma que ninguno de los dos ha mostrado nunca ningún interés por las estrellas.
Después, precisando fechas y consultando efemérides, he descubierto que el primer eclipse que describió el abuelo Justo pudo ser el del 7 de noviembre de 1938, y el segundo, tres años después de acabar la guerra, el del 3 de marzo de 1942.
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