Durante aquellas navidades tuve oportunidad de hacer mis primeros pinitos en astrofotografía. Mi hermano había venido al pueblo con su flamante cámara réflex Zenit con teleobjetivo de 300, y yo me apropié de ella para acoplarla en paralelo sobre mi Tasco de 114. La verdad es que la experiencia fue un auténtico martirio ya que, por un lado, el peso de la cámara (estos rusos, hacen cámaras que también puedes usar como martillo sin ningún problema) hacía que el equilibrado del telescopio se descompensase por completo, pero improvisé un suplemento con pesas de plomo, que podría aguantar algo. Por otro lado, ya sabía que el seguimiento era necesario para tomas de más de unos pocos segundos, pero había visto los resultados de un aficionado de Zamora (el Pastor Galáctico), que con este mismo instrumento conseguía seguimiento manual, a través del ocular, de varios minutos, así que pensé: ¿Por qué no voy a conseguirlo yo también?
Dos carretes de 24 fotos, color, 200 ASA, tirados en dos noches consecutivas. Revelado y positivado en estos sitios de 1 hora, y de las 48 fotos, solo 4 ó 5 medianamente aceptables. Pero me dí por satisfecho. Había conseguido una de Las Pléyades, donde el seguimiento había sido aceptable, y captado bastantes estrellas. Entusiasmado, encargué una ampliación, que después de recortar debidamente, me llenaba de orgullo. Cuando se la enseñé al abuelo Justo, y le dije qué era, él me contestó:
“¿Pléyades, dices? ¡Qué va, si estas son las Siete Hijas del Rey Moro!”
Y colocando su dedazo sobre cada una de las estrellas, empieza a enumerarlas:
“Sara, la mayor; las dos gemelas Dunia y Soraya; Miriam, la siguiente; Tahara y las otras dos gemelas, las chiquitillas, Alisha y Nerea. Su padre, el Rey Moro, celoso de que se enamoraran de algún príncipe que visitara el reino, o de algún embajador de los cristianos, o, peor todavía, de algún soldao del castillo, las tenía encerrás en una torre. Dicen, que como no las dejaba salir pa ná, poco a poco fueron menguando y muriendo de pena y tristeza. Las últimas en morir fueron las gemelas Dunia y Soraya. Y dicen también que el padre medio enloqueció del dolor de haberlas visto morir a toas, de forma que cuando la guerra con los cristianos, no pudo defender el reino y por eso lo perdió y se tuvo que ir, dejando que lo conquistaran.”
Me quedé estupefacto. Y por varios motivos:
Dos carretes de 24 fotos, color, 200 ASA, tirados en dos noches consecutivas. Revelado y positivado en estos sitios de 1 hora, y de las 48 fotos, solo 4 ó 5 medianamente aceptables. Pero me dí por satisfecho. Había conseguido una de Las Pléyades, donde el seguimiento había sido aceptable, y captado bastantes estrellas. Entusiasmado, encargué una ampliación, que después de recortar debidamente, me llenaba de orgullo. Cuando se la enseñé al abuelo Justo, y le dije qué era, él me contestó:
“¿Pléyades, dices? ¡Qué va, si estas son las Siete Hijas del Rey Moro!”
Y colocando su dedazo sobre cada una de las estrellas, empieza a enumerarlas:
“Sara, la mayor; las dos gemelas Dunia y Soraya; Miriam, la siguiente; Tahara y las otras dos gemelas, las chiquitillas, Alisha y Nerea. Su padre, el Rey Moro, celoso de que se enamoraran de algún príncipe que visitara el reino, o de algún embajador de los cristianos, o, peor todavía, de algún soldao del castillo, las tenía encerrás en una torre. Dicen, que como no las dejaba salir pa ná, poco a poco fueron menguando y muriendo de pena y tristeza. Las últimas en morir fueron las gemelas Dunia y Soraya. Y dicen también que el padre medio enloqueció del dolor de haberlas visto morir a toas, de forma que cuando la guerra con los cristianos, no pudo defender el reino y por eso lo perdió y se tuvo que ir, dejando que lo conquistaran.”
Me quedé estupefacto. Y por varios motivos:
- Enumeró cada una de las estrellas como quien recita el padrenuestro, haciendo coincidir a Sara, la mayor, con Alcione, la más brillante de las siete, a las gemelas Dunia y Soraya, con Maia y Electra, de casi la misma magnitud, y a las otras dos gemelas, las chiquitillas Alisha y Nerea con Asterope y Caeleno, las más débiles de todas.
- Cuando menciona al Rey Moro, señala las dos estrellas Atlas y Pleione, padre y madre, según la mitología, de las siete restantes.
- Dio un giro sustancial a lo que habíamos estudiado hasta entonces como la Reconquista del reino de Granada.
- Me dejó la foto llena de huellas de sus enormes dedos.
Rápidamente, recordé una historia que me contó hacia algún tiempo. “Para, Justo”, le dije, “¿No decías que éstas eran las cabrillas que se le escaparon a Pedro, el pastor, cuando vino el lobo?”
“Sí, esas también. Pero esto que te digo es de mucho antes, del tiempo de los moros”
“Ah!!”