Hace muy pocos días, nuestro amigo Paco nos obsequió con esta fastástica (como siempre) crónica sobre su visita al Real Observatorio de Madrid. He de confesar que me despertó mucha curiosidad, y en mi último viaje a la capital del reino he reservado una mañana para visitar estas formidables instalaciones.
De la extensa y variada colección de instrumentos mostrados en este museo (entre los que destacan los dos reflectores de 7 pulgadas originales de William Herschel) , la pieza más emblemática, sin duda alguna, no es otra que la réplica del gran telescopio de 25 pies, que también fue construido por Herschel, y que en su momento era considerado como uno de los mejores telescopios del mundo.
Y, en realidad, lo que me ha llamado poderosamente la atención de esta pieza no ha sido su magnitud en si misma (todos hemos visto infinidad de imágenes de este instrumento, tanto en los grabados de época que se conservan del mismo, como en los miles de fotos de la réplica que circulan por la red; pero hasta que no estás allí, junto a él, en ese enorme pabellón acristalado donde lo tienen instalado, no eres plenamente consciente de su auténtico tamaño). Tampoco su ingenioso diseño óptico, que prescinde de espejo secundario (y por tanto de obstrucción central) y en el que el espejo principal focaliza directamente en un punto muy próximo al borde de la boca del tubo. Ni siquiera el hecho de que en solo 200 años los 60 centímetros de espejo estén ya al alcance de muchos aficionados a la Astronomía.
Lo que me ha hecho compartir esta reflexión ha sido, sencillamente, el que un instrumento de estas características fuese destruido de la forma que lo fue. Que las guerras tienen estas cosas, lo sé. Que la capacidad del ser humano tiene para hacer daño a sus semejantes es inconmensurable, también. Pero no deja de sorprenderme como la insensatez, la intolerancia y el fanatismo son capaces de cometer estas barbaridades. Cuántas obras maestras de la arquitectura han sido destruidas por el fuego o bombardeos indiscrimidados ... Cuántas joyas del arte se han destruido en nombre de la libertad ... Y no hay que irse a siglos pasados: en 2001 se destruyeron los Budas Gigantes de Bamiyan por orden de un mulá iluminado ....
Que los franceses destruyesen este telescopio no ya como un acto de guerra, ni para evitar que cayese en "manos enemigas", ni siquiera para recuperar los materiales para darles uso militar, me ha recordado a la Leyenda del Cabo García. Es curioso que mientras este enigmático personaje no cuenta más que con una placa en su memoria cerca de la entrada de la Alcazaba, el Mariscal Soult ha sido uno de los Grandes de Francia. No penséis que tengo nada en contra de los franceses, más bien todo lo contrario (palabra de merdellón): entiendo perfectamente por qué son tan chovinistas, incluso he fantaseado en alguna ocasión con como podría haber sido nuestro país si hubiésemos decidido quedarnos sentados aquel lejano 2 de mayo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada